A doscientos sesenta años del "Contrato Social", a ochenta años de la creación en San Francisco, EE.UU de la ONU, a setenta y siete años de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) por la ONU el 10 de diciembre de 1948, y a setenta y cuatro años del siglo XXII, los conflictos migratorios y culturales persisten con intensidad, particularmente impulsados por las olas de inmigración provenientes de países con altos niveles de pobreza estructural. Estos pueblos, a menudo carentes de acceso adecuado a educación y formación cívica, fueron históricamente explotados y despojados de sus recursos naturales por naciones desarrolladas, principalmente europeas. Los migrantes son expulsados por las circunstancias recreadas por el hambre el genocidio y el terror a la narcoviolencia generadora de narcopolítica y también generado por movimientos terroristas religiosos fundamentalistas que promueven guerras santas para imponer un dominio geopolítico teocrático con ambiciones de alcance local regional y hasta global, creando regímenes dominantes opresivos imponiendo formas de vida esclavizantes. Por otro lado, los países receptores, aquellos con valores socioeconómicos más estables, con un desarrollo histórico sólido y un orden social consolidado, junto a países independientes en desarrollo y emergentes, reaccionan negativamente a la recepción de inmigrantes. Es entendible, enfrentan sus propias crisis locales que los obliga a tomar posicionamientos políticos y económicos locales y globales cerrados, sobre todo producto de un fenómeno social creciente, el consumismo compulsivo conducta que fomenta características complejas de un individualismo egoísta que hasta ralentizó el crecimiento demográfico, con tendencia a construir paulatinamente sociedades envejecidas, generando una predominancia impactante en el equilibrio de la economía previsional de más adultos y ancianos que jóvenes. Esta combinación de factores entre ambos universos, genera tensiones defensivas en amplios sectores de la población receptora, que perciben a los inmigrantes principalmente, como competidores por empleos y oportunidades como tambien a personas con costumbres de convivencia no compatibles con su forma de vida . Alimentados por discursos en medios y redes sociales, surgen en la sociedad que se siente invadida, actitudes intolerantes de distintos calibres: practicas de dogmatismo religioso excluyente, xenofobia de grupos supremacistas, nacionalismo étnico etc. Estas inconformidades, a menudo amplificadas por presión social o conformidad pasiva, crean un clima hostil de convivencia propicio para justificar aplicar políticas estatales de expulsión, deportación, e inclusive prohibición de ingreso. Los "conflictos migratorios" no son nuevos; la humanidad los sobrellevó desde sus orígenes, la civilización misma se forjó a través de migraciones, pasivas, programadas o compulsivas violentas. ¿Tienen solución? La historia nos muestra que sí: nosotros mismos somos prueba empírica de ello. El desafío actual radica en convivir con esta realidad. La reacción de rechazo y no admisión por saturación parece actuar de manera reactiva como un anticuerpo natural de las sociedades, una respuesta instintiva ante la percepción de invasión.Sin embargo, considerando la revolución tecnológica que vivimos: inteligencia artificial, robótica, hiperconectividad, Industria 5.0 y energías renovables en evolución disruptiva continua, es probable que se aceleren mecanismos preventivos a mediano y largo plazo. Por ejemplo, la automatización podría reducir la demanda de mano de obra en países receptores, exacerbando tensiones iniciales, pero también generar abundancia económica que permita mayor solidaridad global y distribución de recursos.Para abordar esto de raíz, propongo una ONU renovada: menos influida por ideologías manipuladas por intereses corporativos y más impregnada de una filosofía humanista secular y neutral. Deberíamos invertir fuertemente en un fondo mundial público-privado, auditado por organismos internacionales de justicia y vinculado a la producción económica y financiera. Este fondo se destinaría específicamente al desarrollo social, sanitario, alimentario, educativo y tecnológico en países críticos, ayudando a los pueblos obligados a migrar a desarrollarse socialmente en armonía de convivencia.Recordemos que cientos de millones de euros y billones de dólares se han gastado en conflictos como la guerra entre Ucrania y Rusia, tanto por gobiernos de izquierda y derecha, o en siglos de explotación de recursos naturales mediante esclavitud y genocidios en regiones empobrecidas. Todo esto, a menudo justificado bajo banderas como "valores occidentales", "revolución socialista" o fundamentalismos religiosos, ignoró descaradamente la responsabilidad social y solidaridad humanitaria hacia esos pueblos, tratándolos con desprecio, A corto plazo, soluciones intermedias podrían mitigar la crisis: corredores migratorios regulados con requisitos de integración, acuerdos bilaterales para inversión en países de origen a cambio de repatriaciones voluntarias, y programas de capacitación laboral y social que beneficien tanto a inmigrantes como a nativos.
En mi pensamiento de solución, para comenzar un camino más integrador y efectivo, abogo por una ONU guiada por ideales humanitarios, con una fuerza de paz y asistencia social robusta altamente tecnificada y dotada de recursos humanos suficientes, que reafirme el derecho individual de cada ser humano a realizarse en libertad física e intelectual, respetando su propiedad y privacidad. Por extensión, esto incluye la soberanía de los estados como propiedad de sus pueblos, con el derecho y obligación de autodeterminarse. Todos interactuando en igualdad universal como seres humanos, construyendo civilización en este mundo y en los que habitaremos en el universo.
Sin duda, la inmigración y el arraigo están íntimamente ligados al desarrollo de la era tecnológica IA robótica industrial 5.0 en todas y cada una de las actividades humanas, a tal punto, que la universalización del conocimiento mas la interconexión global y espacial que potencia la hipercomunicación mediante redes plataformas y medios de comunicación, será un factor determinante para lograr armonizar y amalgamar la diversidad de culturas y acerbos, urbanidad y nivel educativo; cuestión no menor, para desactivar conflictos ancestrales étnicos religiosos e ideológicos.
Económicamente, el impacto que supone en esta era incorporar aproximadamente a dos mil millones de personas en el planeta que están sobreviviendo, en una escala de magnitud, en condiciones de pobreza multidimensional estructural y extrema, a un consumo estable y progresivo de bienes y servicios, seguramente tendrá un efecto multiplicador de oportunidades y de recursos económicos que contribuirán significativamente a desactivar uno de los principales motivos de conflicto social con inmigrantes.
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