La tecla.

 Recuerdo, hace muchos años conocí a una poeta y escritora ya mayor, famosa ella; Yo era muy joven. Fui a su casa en el campo a llevarle una encomienda. La vi escribiendo bajo un parral. Me hizo seña con la mano para que me acercara

 - Hola,  Vení, poné la caja en esa silla - me dijo sin dejar de escribir a mano - ¿podes abrirla por favor, serías tan amable? - Buen día...

Buen día ! Sí si - saqué mi cuchillo verigero corté las piolas  y abrí la caja de madera terciada. Era una máquina de escribir, una remington de color negro con teclas redondas de fondo azul oscuro y letras blancas. Se quito los lentes y se recosto en el respaldo alto del sillon de mimbre. Con sus dedos pulgar e indice se frotó los parpados, esbozó una leve sonrisa y me dijo:  traela ponela aca, arriba de esta mesa... la ubiqué delate suyo - "Es linda esta maquinita" ¿no te parece? Me dijo circunspecta observándola con detenimiento - ¿vendrá con alguna tecla de inspiración? -dijo en voz baja- seguro que  todas lo son, si usted las toca - le respondí sin pensar.

Me observó con un leve gesto de asombro, con esa mirada tan especial, que luego, con el tiempo, reconocí en aquellas personas que ven a través de la imaginación. 

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