Fragmento de mi próximo libro....
Capítulo 4
Cada uno de nosotros es, en sí mismo, un planeta soberano cuya conciencia individual ordena las conductas de la vida según las leyes de la termodinámica. Esa misma conciencia actúa como la fuerza gravitatoria que atrae inexorablemente nuestros pensamientos hacia su centro: cuanto mayor es su densidad, mayor es la curvatura que impone a nuestro universo interior.
La imaginación no está exenta de esta fuerza. Es capaz de curvar el espacio-tiempo del cerebro. Inclusive, cuando alcanza suficiente intensidad, puede vencer la gravedad ordinaria de la conciencia y abrir espacios donde la mente trabaja libre.
Los espacios los abre la imaginación y en ellos, trabaja la mente.
Soñemos libremente.
El subconsciente es el universo desconocido, la materia oscura que no vemos pero cuya gravedad invisible sostiene y moldea todo lo visible. Allí opera un campo semejante al de Higgs: otorga masa repentina a lo que antes era liviano. Pensamientos, imágenes, sueños… todos adquieren peso según cómo los cargamos de atención y emoción.
Cada humano es el centro de su universo.
Y al final llega la finitud.
¿Es la muerte la muerte térmica de nuestro universo propio? El momento en que cesa la energía consciente, la entropía alcanza su máximo y todo se disuelve en un equilibrio frío y uniforme.
¿O es un estado de existencia creado por nuestro propio cerebro? Una última curvatura poderosa, donde la imaginación aliada con la materia oscura del subconsciente trasciende el colapso.
Porque ni la muerte térmica frena el ciclo; al contrario, en esa aparente nada, aparecen elementos nuevos.
No existe la muerte.
Simplemente vamos hacia una nueva creación.

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